No, no estoy hablando de la economía mundial, pues ni siquiera los economistas más caperuzos saben que va a pasar después de este descalabro financiero a escala mundial.
Hablo a nivel personal, pues mi ausencia prolongada de este mi blog personal se debió a una mala racha concentrada en el mes de septiembre, luego de la cual no tuve ganas de escribir nada.
Es más, yo tenía en borrador un lindo post hablando de como me gusta septiembre, porque empieza a hacer calorcito, los panoramas entretenidos para quedarse en Santiago justo cuando todos se van a la costa a apretujarse, etc, etc. En fin, comenzaba a planear online mi super fin de semana dieciochero.
Pero zas que viene el universo y te manda un mensaje en estereo y te das cuenta de que no puedes planificar nada o casi nada en tu vida y que más vale relajarse frente a eso, o al menos intentarlo.
Resulta que mi linda pequeña de 4 años, que tiene más energía que la selección chilena junta, se sacó la mugre en pleno living de mi casa. Ahí, frente a los ojos de sus dos hiperaprensivos padres, voló desde el sillón para aterrizar con su ojo derecho en plena esquina de la mesa de centro (la cual figura ahora relegada a un rincón del departamento).
Todo esto un domingo 13 de septiembre, hora del almuerzo. Partimos a la clínica y gracias a Dios no pasó a mayores, excepto un gran hematoma tipo Martin Vargas en su ojito, y lógico, algo de reposo para que la hinchazón bajara y la cornea se recuperara del chancacazo.
En medio de la angustia emocional de todo este accidente, llegó el momento de pasar por la angustía económica de la sala de urgencia. Pasar por caja. Y he ahí que un acto planificado, pero no recordado, sirvió para paliar en parte el terrible mal rato: el bendito Seguro Escolar que venia de regalo con el Seguro Médico Familiar contratado hacía menos de 10 días cubría todo el accidente, las consultas posteriores, exámenes y demases. En fin, la sacada de mugre nos salió costo cero. O eso pensamos nosotros en ese momento.
Porque la verdad es que nunca este tipo de cosas te salen gratis, a nivel emocional al menos. Saber que uno no puede proteger a los hijos de todo lo que puede pasarles, incluso frente a tus ojos, en tu propia casa, te jode la psiquis un poco. Y de eso nos dimos cuenta sólo 4 días más tarde. Cuando el padre de la pequeña, periodista e instructor de yoga, que trabaja con su cuerpo casí todos los días, quedó tieso en el baño, con el solo acto de agacharse un poco para abrir la llave del lavamanos.
La tensión y la angustía habían pasado su cuenta, por lo que en pleno 18 figurabamos nuevamente en la Sala de Urgencias de nuestra Clínica de uso frecuente, con Gonzalo muerto de un dolor. Lesión lumbar fue el diagnóstico, y una parte de culpa la tenía el desgaste físico de tanto yoga, pero en gran medida los nervios por el accidente de Mariana habían tensionado su espalda baja hasta hacerla colapsar. Y para más remate, él no tiene Seguro Escolar. Pero bendito sea el Seguro Complementario de Salud que tiene contratado mi pega, una de las poderozas razones por las que aún sigo allí.
Unos analgésicos a la vena, reposo y rehabilitación posterior fueron los tratamientos indicados. Por lo que nuestro 18 fue más bien piola y tuvo un gusto un tanto amargo. No puedo evitar pensar que si nos hubiermos ido toda esa semana de vacaciones fuera de Santiago, quizás no nos hubiera pasado nada. Pero esas son cosas que nunca se saben.
Raya para la suma, como dice mi jefe. Uno no puede planificarlo todo, no puede controlarlo todo, no puede protegerse de todo. Pero si hay algo en tus manos, es tomar un buen seguro de salud que tenga beneficios complementarios, como el maravilloso seguro escolar y de accidentes varios. Incluso a veces conviene reducir el costo del plan de la isapre y tomar uno de estos seguros, que cubren cosas más graves y con mayores beneficios que la isapres. Este consejo va en carne propia.
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